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domingo, 13 de julio de 2025

6 de Enero de 1986. "Galería de Alcaldes de Valencia"

Balcón Abierto del Cronista de la Ciudad - El Carabobeño

Galería de Alcaldes de Valencia


Por una oportuna y feliz iniciativa del señor Ramez Daher, presidente del Concejo Municipal de Valencia, estamos preparando en estos momentos, en colaboración con el poeta Leoncio Lucena Alvarado, Jefe de Relaciones Públicas del ayuntamiento, una galería de presidentes de la institución, que será colocada en uno de sus principales salones próximamente. Algo realmente novedoso, que ningún otro concejo municipal ha hecho hasta ahora.


En cumplimiento de este trabajo, tenemos ya elaborada una lista completa de alcaldes, desde 1881 hasta hoy; es decir, abarcando un período de ciento cinco años. Será imposible conseguir la totalidad de los retratos de estos personajes, pero estamos tratando de lograr a través de sus familiares el mayor número de ellos.


Al hacer este estudio, nos hemos encontrado con algunas curiosidades que vale la pena mencionar: entre 1892 y 1907, es decir, en el lapso de quince años, pasaron siete generales por la presidencia de nuestro ayuntamiento. Esos generales fueron, en orden cronológico: Ildefonso Silva Castillo, Pedro Feo, Ramón Saravia, Mariano Espinal, José María Rivero, Ramón Lazo y Federico Uslar.


Otro detalle: el primer presidente del Concejo Municipal de Valencia, posesionado de su cargo el 30 de junio de 1821, seis días después de la batalla de Carabobo, fue el doctor Gerónimo Windevoxhell, mientras que setenta y tres años más tarde, el 27 de junio de 1894, fecha de la fundación de la Cámara de Comercio de Valencia, nos encontramos con que el primer presidente de esta cámara es un señor del mismo nombre: Gerónimo Windevoxhell. Una coincidencia muy interesante; y es de suponer en sana lógica, que éste último puede ser hijo o nieto del primero o, en todo caso, un pariente muy cercano suyo. La Cámara de Comercio de Valencia fue la tercera creada en Venezuela a fines del pasado siglo: la primera fue la de Caracas, la segunda la de Maracaibo, la tercera la de Valencia y la cuarta la de Puerto Cabello. Estos cuatro organismos fueron creados dentro de un período relativamente corto. Estaban dadas las condiciones nacionales para la creación de ellos. El apellido Windevoxhell, de origen holandés, ha estado a punto de extinguirse. Nosotros le estamos haciendo un seguimiento en estos momentos.


El primero de estos personajes fue un decidido partidario de la causa de nuestra independencia. Fue Alcalde Ordinario Primero del cabildo colonial y lo acompañaron en su actitud los regidores Antonio Landaeta, Juan Antonio Landaeta y Miguel Martínez y el secretario Miguel Vera. Al día siguiente de la batalla, antes de salir en compañía del general Páez para Caracas, el Libertador, que ya estaba investido por el congreso de Angostura con el carácter de presidente de Colombia, le dio al alcalde Windevoxhell la autorización necesaria para que él mismo designara los nuevos concejales que se requerían para completar la cámara edilicia, es decir, los "nuevos individuos que ocuparen provisionalmente los huecos vacantes por la emigración de sus poseyentes", según se dice en el acta de la sesión preparatoria del 28 de este mismo mes; o sea, dos días antes de la instalación definitiva de nuestro primer concejo municipal. Ambas sesiones, la preparatoria y la de instalación, se celebraron como quien dice, sobre los cañones humeantes de la célebre batalla. De este modo, la estructura jurídica de nuestro principal órgano de representación popular quedaba constituida.


Ahora bien: ¿será posible conseguir un retrato del doctor Gerónimo Windevoxhell, nuestro primer presidente edilicio, como conseguimos hace algún tiempo el de su homónimo fundador de la Cámara de Comercio en 1894, ya colocado en los salones de la misma? Lo creemos muy difícil. Hay que tomar en cuenta que para entonces no existía la fotografía; la fisonomía física de nuestros personajes históricos había que confiarla al ojo y al pulso de los pintores de la época. La fotografía, o el daguerrotipo, que fue lo primero, se vino a inventar en 1839. Es por eso que la iconografía de los próceres de nuestra independencia se encuentra incompleta, y algunas veces nos encontramos con perfiles enteramente contradictorios, que nos hacen dudar de la autenticidad o identidad de ellos. Esto nos ocurre principalmente en el caso del Libertador, que no tuvo la suerte de alcanzar el uso de la fotografía antes de su muerte.


Esta galería de alcaldes que estamos organizando en Valencia tiene, sin duda alguna, una especial importancia. Ella viene a ser un buen aporte de la actual administración municipal para la historia del ayuntamiento.


Valencia, Enero de 1986.


NOTA.- Ya en prensa este balcón, observamos que por atenernos a la memoria hemos cometido un error respecto al nombre del presidente de la Cámara de Comercio de Valencia. Lo corregiremos oportunamente.


sábado, 5 de julio de 2025

Enero de 1986. "Acosta Rodríguez"

Balcón Abierto del Cronista de la Ciudad - El Carabobeño

Acosta Rodríguez


Mal comienzo nos ofrece el presente año de 1986 en las filas bolivarianas. La muerte, "la celosa, según el poeta, que siempre está en acecho", nos ha llevado en el corto término de breves días tres figuras muy valiosas. En Valencia, hemos visto caer de repente al estimado colega Carlos Vicuña Oberto, hombre fuerte y sanguíneo, negación absoluta de toda idea de la muerte; en Caracas, en forma simultánea, dos figuras estelares de la causa bolivariana: el profesor Luis Acosta Rodríguez y el presbítero Pedro Pablo Barnola; dos propulsores del ideario del Libertador, de larga y fecunda trayectoria. Vamos a referirnos al primero, a quien estuvimos ligados por lazos muy hondos.


Podemos decir que, en cierta forma, el doctor Acosta Rodríguez fue para nosotros uno de nuestros maestros favoritos. De él aprendimos muchas cosas. Por algo fue siempre, para sus amigos más allegados, una cátedra permanente. Una cátedra de bondad, de disciplina, de responsabilidad compartida, de hidalguía generosa, de organización y de método, de trabajo constante y firme. Ninguno más acucioso que él, ninguno más apasionado de la investigación histórica, ninguno más bolivariano; ninguno más patriota. Un hombre de condiciones excepcionales que deja entre nosotros, como tenía que dejar, una huella profunda.


Tuvimos ocasión de conocerlo y tratarlo muy de cerca. Con él asistimos a convenciones y congresos bolivarianos, nacionales e internacionales; con él compartimos la autoría de un pequeño libro sobre La muerte del Libertador y sus implicaciones políticas. Por voluntad suya, fuimos a Ecuador y a otros países a dictar conferencias y a dar recitales en el año conmemorativo del bicentenario del nacimiento del Libertador, tomando parte de este modo en La Cátedra Bolivariana Itinerante de carácter internacional, puesta desde entonces en sus manos por el Ministerio de Educación Nacional; cátedra que él ejerció con gran éxito.


Con él compartimos tareas de la Asociación de Cronistas Oficiales de Ciudades de Venezuela y de las convenciones de esta asociación, de la cual fue presidente ejemplar durante tres períodos consecutivos. Y en este cargo se destacó como un gran organizador; como un líder cultural de primera categoría. Además, jerarquizó la institución, dándole un realce extraordinario. Uno de sus últimos aportes fue la elaboración de un articulado sobre la función y la vigencia legal de los cronistas, oportunamente incorporado al proyecto de reforma de la Ley Orgánica del Poder Municipal, que ya se encuentra en el Congreso para su discusión y aprobación definitiva. Los miembros de la comisión parlamentaria que estudia este proyecto acogieron con mayor beneplácito este artículo complementario presentado por el doctor Acosta Rodríguez.


Oriundo del estado Guárico, había nacido en Ortiz el 5 de enero de 1917 y le iba a tocar morir en Caracas el 11 de enero de 1986, es decir, que su parábola vital cubrió apenas 69 años de edad. Estaba todavía muy entero cuando le sobrevino la muerte: muy entero desde el punto de vista físico y también desde el punto de vista intelectual; como escritor, como conferencista de primera categoría. En el momento de morir ostentaba el cargo de cronista oficial de Villa de Cura, y por eso fue sepultado en esta ciudad. Pero no solo por esto, sino por su entrañable vinculación a ella de toda la vida, sobre todo a través de su esposa, Doña Zoraida, una villacureña admirable, espiritual y talentosa como pocas, a quien por circunstancias diversas le ha tocado convertirse en los últimos años, como diría Saldomero Sanín Cano, en "una exquisita máquina de sufrir". Por fortuna, Doña Zoraida tiene un temple griego estupendo.


La curva profesional y docente del doctor Acosta Rodríguez resulta excepcionalmente meritoria. Profesor de ciencias sociales del Instituto Pedagógico de Caracas y de historia en otros institutos de alto nivel durante más de cuarenta años; presidente del Comité para la Enseñanza de la Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia; directivo de la Sociedad Bolivariana de Venezuela y miembro honorario de las de Boyacá, Panamá, Perú, Guatemala, Argentina y Chile; miembro correspondiente de varias academias. Autor de obras históricas notables: su Bolívar para Todos lleva ya varias ediciones, y con su libro Visión Didáctica de Bolívar ganó el concurso promovido por la Sociedad Bolivariana de Venezuela para la elaboración de una biografía del Libertador destinada a la docencia. Un maestro. Sus obras son texto de consulta. Lo dicho: un Maestro.


Ese es el hombre que, para su descanso definitivo, acaba de bajar a la tumba.


Valencia, enero de 1986.


Noviembre de 1981. "Andrés Bello en Tunja"

Balcón Abierto del Cronista de la Ciudad - El Carabobeño

Andrés Bello en Tunja

En un viaje reciente hecho a Bogotá, hemos puesto en manos del doctor Antonio José Rivadeneira Vargas, presidente de la Federación Internacional de Sociedades Bolivarianas, un busto de Don Andrés Bello para ser colocado en Tunja. Allí, la antigua casa del cronista Juan de Castellanos -conservada intacta por el celo vigilante y el patriótico conservacionismo de los tunjanos- va a ser convertida en una galería de hombres ilustres. Entre ellos estarán Bolívar, por supuesto, y también Don Andrés Bello. Este busto lo conseguimos con la junta encargada de la celebración del bicentenario de Bello, a través de su secretario general, nuestro querido amigo y paisano Óscar Sambrano Urdaneta, uno de los bellistas más destacados de nuestro país.


Tunja es, como todos sabemos, una de las más hermosas ciudades coloniales de Colombia. Fue capital del virreinato de la Nueva Granada, centro político y estratégico de primer orden, y hoy es la capital del Departamento de Boyacá. Viendo la ciudad y recorriendo sus alrededores, se sienten ecos de tierras de Castilla. La historia parece haberse detenido en ella, y en cuanto a sus relaciones con la gesta de nuestra independencia y a la actuación de Bolívar, hay una frase forjada por un poeta venezolano, que los boyacenses pronuncian con orgullo: "En el orden de la gloria, Tunja es la ciudad adoptiva del Libertador".


No sabemos si alguna vez Don Andrés Bello tuvo algún contacto con Tunja. Personalmente, no, por supuesto. Su periplo vital es muy claro: Caracas, Londres, Santiago de Chile, donde murió. Aquí en Venezuela, pocas veces salió de Caracas. Su principal salida fue a Cumaná, donde tuvo un ligero romance con una hermana del general Sucre. Permaneció creciendo al pie del Ávila como un árbol, hasta su salida hacia Londres en 1810, desde donde pasaría a Chile en 1829, con carácter definitivo. Y hoy se instala en bronce en Tunja, donde está siendo recibido con el entusiasmo y la admiración que su solo nombre suele despertar en toda América y aún en otros países del mundo, especialmente en España, donde tiene varios monumentos. Ningún otro hombre de letras de nuestro continente ha llegado a tanto.


Otros venezolanos ilustres, además de Bolívar, tuvieron contacto con Tunja en la época heroica. Entre ellos Don Cristóbal Mendoza, primer presidente de Venezuela, con el ocaso de nuestra Primera República. Don Cristóbal salió de aquí, de Valencia, en 1812, ante la invasión de Monteverde. Atravesó a caballo los llanos venezolanos, los llanos de la Nueva Granada y también el páramo del Pisba, se refugió en Tunja, y allí llegó a ser nada menos que uno de los principales asesores del eminente patricio colombiano Don Camilo Torres, tristemente fusilado tres o cuatro años después por Don Pablo Morillo, el sedicente pacificador, que entraría después a territorio venezolano en la célebre campaña de Apure, con las manos tintas en sangre. De uno y otro lado, la guerra a muerte estaba haciendo estragos terribles.


Don Cristóbal Mendoza permaneció en Tunja hasta que lo llamó el Libertador al comienzo de la Campaña Admirable, a través de una carta memorable: "Venga usted de inmediato: la Patria lo necesita. Yo iré por delante conquistando y usted me seguirá organizando; porque usted es el hombre de la organización como yo el de la conquista."


Hoy llega Bello a Tunja, a dialogar a la distancia con las grandes figuras de nuestra historia común, entre ellas con la de Don Camilo Torres, a quien en Venezuela no se le ha hecho todavía la justicia que le corresponde. Don Camilo Torres fue el gran protector del Libertador en sus momentos más críticos: lo estimuló no solo de palabra, sino con toda clase de recursos. Sin esa amplia protección suya, hubiera sido muy difícil que Bolívar culminara y realizara su obra. La historia es la historia; los hechos son los hechos, y nada ni nadie podrán desconocerlos.


Por eso comentamos hoy con orgullo nuestra modesta contribución al envío de un busto de Bello en Tunja, al lado de otras figuras señeras de nuestra historia americana. Allí estará él en su nueva casa.


Valencia, noviembre de 1981.


Septiembre de 1986. "Núñez Pérez"

Balcón Abierto del Cronista de la Ciudad - El Carabobeño

 Núñez Pérez

Más de una vez nos hemos referido a la personalidad y a la labor del compañero Luis Núñez Pérez, siendo de advertir que esto de compañero no guarda ninguna relación con alguna actividad de carácter político. Es algo que surgió cuando ambos fuimos miembros activos -activos de verdad, como los dos nos hemos comportado siempre- en las filas del antiguo Club de Leones de Valencia. Desde entonces conservamos una sólida amistad, con una estimación recíproca, que no podrá alterarse nunca. Y en diferentes ocasiones hemos compartido tareas en otras esferas sociales, culturales y empresariales. Inclusive fuimos organizadores en alguna oportunidad de una de las asambleas de Fedecámaras celebradas en Valencia. Siempre en un plano de responsabilidad compartida, con la más diáfana amplitud, y teniendo en todo caso por delante la irreversible decisión de servir a Valencia. Somos dos servidores inconfundibles de la ciudad, en el espacio y en el tiempo. Nadie podría negarlo.


Todo esto lo decimos para hacernos eco de los veintiún años que acaba de cumplir su revista Valencia Económica, fundada y sostenida por él contra viento y marea, con la perseverante terquedad que él sabe imprimirle. Un caso parecido al de Pedro Rojas, con su revista Informate, que tan profundamente ha calado en nuestro medio. Dos revistas distintas, no hay duda, pero que en todo caso corresponden a un mismo esfuerzo verdadero. A un esfuerzo enmarcado dentro de las normas del servicio permanente que nos reclama la ciudad. A una especie de cita de responsabilidad compartida, dentro de los anales de la capital de Carabobo.


Núñez Pérez tiene en nuestro medio una trayectoria muy larga. En materia de publicidad, es satisfactorio observar, por ejemplo, que llegó a editar hasta seis ediciones de su Guía Industrial e Información General de Valencia, en un grueso volumen de más de cuatrocientas páginas, profusamente ilustradas, una verdadera enciclopedia informativa sobre Valencia. Y luego editó y puso en circulación, en colaboración con su hijo Edgar, los periodistas Leoncio Lucena Alvarado y José R. Izquierdo y el inolvidable reportero gráfico Germán Saravia, su famosa Guía Turística de Valencia, lo más hermoso y útil que, en su género, se ha publicado en la ciudad. Un trabajo que por su importancia y por su índole, debe ser resaltado en cualquier oportunidad. Nosotros regalamos siempre a personas de otros países, que nos visitan o que nosotros visitamos en el exterior, esta bellísima Guía de Núñez Pérez. Un regalo magnífico, hasta ganamos indulgencias con ella, porque mucha gente cree que en su elaboración también estuvo metida la mano del Cronista de la ciudad.


En otros campos, la actuación de Núñez Pérez también se ha hecho sentir. Formó parte de aquel brillante Concejo Municipal de Valencia, integrado por concejales notables: Humberto Celli (el indivisible Cojo Celli), Luis Fernando Wadskier, el profesor Raúl Villarroel, José Núñez Milá y algunos otros, que se empeñaron en impulsar el desarrollo de la ciudad, con la creación de FUNVAL (Fundación para el Desarrollo Industrial y Sanitario de Valencia). El entonces concejal Núñez Pérez fue el primer presidente de este organismo, cuya contribución al progreso de la capital de Carabobo tuvo entonces, y aún sigue teniendo hoy, proyecciones incalculables. Un organismo que inclusive ha venido a ser observado y estudiado por delegaciones de otros países y que resiste, en consecuencia, para propios y extraños, el más riguroso y exigente análisis crítico. Cuando se dice FUNVAL, ya se sabe que se trata de algo estrechamente ligado a Carabobo en el comprometedor y complicado proceso de nuestro desarrollo.


Núñez Pérez ha presidido en Valencia la Cámara de Industriales del estado Carabobo, el Club de Leones de Valencia y otras instituciones gremiales, sociales y culturales, siempre con gran éxito, y en estos momentos ejerce la presidencia de la Cámara de Comercio de Bejuma, su ciudad nativa, donde ahora reside. Pero mantiene un pie en Bejuma y el otro en Valencia. Para él no puede ser nunca ajeno lo que ocurra o deje de ocurrir en la ciudad, bueno o malo, favorable o adverso; es un hombre con los ojos abiertos a la realidad de su medio y de su tiempo, un hombre que conoce muy bien sus obligaciones primordiales de carabobeño integral, y sabe cumplirlas.


Valencia, septiembre de 1986.


Julio de 1986. "BARRETO-LIMA"

 Balcón Abierto del Cronista de la Ciudad - El Carabobeño


BARRETO-LIMA


El apellido Barreto Lima tiene en el ámbito social y cultural de Carabobo un sonido neto de moneda de buena ley. Ese apellido nos llegó un día de la región de Cojedes, que perteneció a Carabobo hasta la primera década del presente siglo. Está ligado a la tradición histórica de ambas regiones. Dos vástagos de él han trazado con su espíritu emprendedor y su ejemplar amor telúrico, una huella profunda: Manuel Salvador y José Rafael.


El primero, médico insigne, fue designado hace poco por nuestro Concejo Municipal, Hijo Ilustre de Valencia, con ocasión de sus bodas de oro profesionales, en reconocimiento, en primer término, a su gran labor sanitarista. De él nos ocuparemos en forma más detenida próximamente. Hoy queremos referirnos a José Rafael, que acaba de morir en esta ciudad, al cabo de una larga actuación profesional, muy propia de quien supo servir a la comunidad de la manera más amplia.


José Rafael Barreto fue, en compañía de J.J. Olavarría y del doctor Fernando Branger, uno de los fundadores o precursores del urbanismo de Valencia. Ellos tres son los autores de nuestra primera urbanización, la de Las Acacias, iniciada y ejecutada por ellos en 1939, cuando todavía Camoruco era la principal y única zona residencial de lujosas edificaciones familiares que existía en Valencia. Ellos trazaron y ejecutaron la de Las Acacias.


Por cierto que la conformación de ésta, consistente en una calle muy larga, provista de una zona verde en el centro, sin vías laterales que se cruzaran cada cien metros, como se usaba antes, causó una gran sorpresa. Se pensó que era un disparate, acostumbrados como estábamos a lo que los ingenieros llaman el damero, característico de nuestras ciudades fundadas por los españoles. Luego, ellos mismos idearon y ejecutaron la urbanización Carabobo, donde está el indio Guacamaya del escultor Alejandro Colina y donde José Rafael vivió hasta su muerte.


Pero no iban a parar aquí las actividades urbanizadoras de José Rafael Barreto: cuando se nos presentó el judío norteamericano Sender Ramani, dispuesto a emprender la construcción de Ciudad Alianza, ciudad satélite de Guacara y hoy ciudad satélite de Valencia, a la cual se habrá de incorporar en un futuro no lejano, junto con el municipio Los Guayos, que por decisión de la asamblea legislativa de 1964, hoy se encuentra comprendido en nuestra zona metropolitana como municipio urbano de Valencia; cuando ocurrió eso, el señor Ramani no encontró un ingeniero más calificado que él para confiarle el diseño y la realización de Ciudad Alianza.


Al informarse acerca de las personas que habían intervenido y que estaban interviniendo en nuestro desarrollo urbano cada vez más acelerado, no pudo menos que designarlo a él como su mano derecha en la ejecución de esta obra. De este modo, el nombre del ingeniero José Rafael Barreto Lima, queda ligado, en el campo profesional, a tres urbanizaciones muy importantes: Las Acacias, Carabobo y Ciudad Alianza.


Pasarán los años, y cuando se escriba la historia de nuestra época contemporánea, para dejar en claro el desarrollo urbano y demográfico de Valencia, que ha alcanzado una intensidad cada vez mayor en los últimos años, el nombre de este profesional tiene que ser tomado en cuenta como uno de los pioneros de nuestro desarrollo.


Pero no es sólo eso: José Rafael Barreto Lima era uno de los hombres mejor informados acerca de la más reciente historia de Valencia, sobre todo en lo concerniente a su desarrollo. Poco antes de su muerte, y esto lo decimos con el más nostálgico dolor, tuvimos la idea de celebrar conversaciones con él, con el auxilio de un grabador magnetofónico; para tomar nota de una infinidad de detalles, que él quería suministrarnos, a requerimiento nuestro, desde hace algún tiempo; pero desafortunadamente esto no pudo hacerse por su gravedad última, que lo iba a llevar a la tumba.


Se llevó consigo toda una serie de conocimientos objetivos, muy útiles, adquiridos por él a través de los años. Se fue temprano, como tantos otros, cuando todavía Valencia tenía derecho a esperar de él valiosas iniciativas inherentes al progreso de la ciudad.


Razones insuperables, ajenas a nuestra voluntad, nos impidieron acompañarlo ahora en su trance definitivo hasta el cementerio, como habríamos deseado hacerlo. Sin embargo, con admiración y afecto deshojamos hoy estas breves y justicieras palabras de despedida sobre su tumba. Cumplió una gran misión en Valencia y así lo reconoceremos siempre.


Valencia, julio de 1986.